El 1 de enero se celebra el comienzo de un nuevo año en el calendario gregoriano, el que se usa casi en todo el mundo. En la Argentina es feriado nacional y llega en pleno verano, cuando muchas familias ya están de vacaciones.
Un poco de historia
La costumbre de empezar el año en enero viene de la antigua Roma. Julio César fijó enero como el primer mes en el calendario que creó en el año 46 antes de Cristo. Ese mes estaba dedicado a Jano, el dios romano de los comienzos y de las puertas, al que se representaba con dos caras: una que mira al pasado y otra al futuro.
Con los siglos, ese calendario acumuló un desfase de unos diez días con el año solar. En 1582, el papa Gregorio XIII lo corrigió y así nació el calendario gregoriano, que terminó de afianzar el 1 de enero como el primer día del año. En la Argentina, la Ley 27.399 lo incluye en la lista de feriados nacionales.
Cómo se vive hoy
La fiesta empieza la noche del 31 de diciembre, con una cena en familia o con amigos, muchas veces al aire libre por el calor. A la medianoche se brinda con sidra o espumante y aparecen el pan dulce y los turrones, mientras el cielo se llena de fuegos artificiales.
En el centro porteño hay otra costumbre: el último día hábil del año, los oficinistas tiran por las ventanas papeles que ya no sirven, como despedida del año viejo. El 1 de enero, en cambio, es un día tranquilo, de dormir hasta tarde, comer lo que sobró y, para muchos, salir rumbo a la costa o a las sierras.