El 1 de enero se celebra el comienzo de un nuevo año en el calendario gregoriano, el que se usa casi en todo el mundo. En México es uno de los días de descanso obligatorio que marca la Ley Federal del Trabajo, así que casi todo el país lo dedica a descansar después de la fiesta de la noche anterior.
Un poco de historia
La costumbre de empezar el año en enero viene de la antigua Roma. Julio César fijó enero como el primer mes en el calendario que creó en el año 46 antes de Cristo. Ese mes estaba dedicado a Jano, el dios romano de los comienzos y de las puertas, al que se representaba con dos caras: una que mira al pasado y otra al futuro.
Con los siglos, ese calendario acumuló un desfase de unos diez días frente al año solar. En 1582, el papa Gregorio XIII lo corrigió y así nació el calendario gregoriano, que terminó de afianzar el 1 de enero como el primer día del año. La UNAM recuerda que es una convención de Occidente: otras culturas celebran el año nuevo en otras fechas.
Cómo se vive hoy
La noche del 31 de diciembre las familias se reúnen a cenar y esperan la medianoche para abrazarse. Muchos cumplen rituales para atraer suerte: comer doce uvas con las doce campanadas, una por cada deseo; usar ropa interior roja para el amor o amarilla para el dinero; salir a dar la vuelta con una maleta para atraer viajes, o comer lentejas para la abundancia.
El 1 de enero es un día tranquilo, de dormir hasta tarde, recalentar lo que sobró de la cena y, para muchos, terminar las vacaciones de fin de año en familia.